Metamorfosis nazi-fascista
      del estado español

      Justo de la Cueva Alonso


      EL 27 VENDIMIARIO DE FELIPE GONZÁLEZ (Historia de una traición)

      (Prólogo de un libro inédito que fue rechazado en la mañana del 23 de febrero de 1981 por el editor que lo había encargado)


      Esta historia...

      Esta, lector, que tienes en las manos es una historia caliente. Una historia apasionante, palpitante. A ratos heroica, a trozos asquerosa. Una historia rezumante de olores y sabores fuertes: a sudor, a sangre, a puros Davidoff hechos humo y a humo de botes policíacos. Una historia con trazos impregnados del agrio vómito del aseo alternando con los empapados en las lágrimas de la emoción o de la ira. O de la rabia... Una historia subterránea, una historia maldita y ocultada, velada a propósito consciente por versiones interesadas, endulzadas, falsificadas y trampeadas por escribientes complacientes, chupatintas indecentes y lameculos impacientes por cambiar sus elogios por prebendas.

      Es, desde luego, una historia distinta. Distinta de la que te han metido desde TVE, desde los carteles de colorines de las paredes, desde las páginas brillantes de papel couché de las revistas elegantes. Una historia distinta con protagonistas distintos. Una historia en la que junto a los nombres millones de veces repetidos en tus oídos, los de Felipe, el Guerra o Peces-Barba, verás mezclados los nombres para ti escondidos de Alonso, el camarero con marcapasos, de Bernardino "el rojo de Toledo", de Cornejo, el héroe cojo, de Patricio, el albañil rotundo, de Tomás, el sindicalista nacido en la franquista cárcel, de Antonio, el grabador y de Gregorio, el tapicero, de José, el marmitón y Francisco, el churrero, de Goyo, el metalúrgico jubilado, de Rosa, la planchadora aún en activo, de Arcadio, el minero silicótico, de Fausto y Malloén, del comercio... Hombres y mujeres que llevan a las espaldas años de cárcel esperando el cumplimiento de sus sentencias de muerte, con historias personales vibrantes, espeluznantes, quemadas alegre y voluntariamente en la hoguera de la lucha de clases, convertidos en pedazos de una escalera que ellos creían llevaba al socialismo, a la sociedad sin clases, sin dominación ni explotación ni Estado. Pero que por obra y gracia de una traición complicada y enmarañada se ha trocado en la escalera hacia el Poder para un pelotón de listos arribistas.

      No es, te lo aseguro, una historia lánguida. Ni académica. Ni tranquila. Es una historia bronca, tensa, en la que silban las balas y las pelotas de goma, en la que atruena el silencio de la madrugada madrileña cuando el miedo te agarrota a garganta y la mano engarfiada que sujeta la maleta donde llevas los panfletos. Y en la que estallan ovaciones al paso de la bandera enorme tricolor que hace la rueda al campo del Rayo Vallecano mientras docenas de miles de gargantas enronquecen con el grito-profecía: "Mañana-España-será-republicana". Es una historia a ratos, pocos, alegre. Con la alegría de los momentos en los que la clase obrera sentía que estaba a la ofensiva, cuando desplegaba arrogante las banderas rojas y alzaba un mar de puños cerrados saludando el viejo canto, entreviendo la vieja y joven esperanza de la victoria obrera. Como cuando los veteranos mineros asturianos -yo los vi-. Lloraban silenciosos y gozosos lagrimones, el nieto encaramado al hombro, las rojas banderas llameando en el aire contaminado del estadio de Avilés, la esperanza socialista rebosando de nuevo las cuencas mineras y fundiéndose con la hermosa gente campesina y marinera, todos los compañeros valientes, todas las compañeras bellas, todos los ojos brillantes, todos los corazones calientes. Como cuando los viejos, ancianos, renegridos jornaleros de Jaén, los aceituneros altivos, los veteranos supervivientes de la UGT de sus hijos acompañados se rompían las manos -yo los vi- aplaudiendo la vieja y vigente consigna gritada desde el podio: "¡La tierra para el que la trabaja!". Es, a pesar de esos pocos ratos, una historia de tristeza llena, empapada de amargura y de vergüenza, ensombrecida por la represión omnipresente, por el miedo renaciente, por la cobardía y la bajeza y la brutalidad y la traición mezclados y triturados por el sucio almirez de la clase dominante para fabricar la presente salsa pestilente de rabia y desencanto.

      Porque ésta es, también, la historia de las traiciones y de las claudicaciones. La historia que ha hecho de Felipe González Márquez un "hombre de Estado" y ha mutado al PSOE de partido revolucionario de la clase obrera en "aparato de Estado", en pieza y herramienta de la clase dominante.

      Es una historia que para ti, lector, aunque no seas socialista, si eres del pueblo y vendes tu trabajo, será inquietante. Porque en sus idas y venidas, en sus vueltas y revueltas, en los recovecos de los pactos, los consensos, las "purgas", las ventas y las compras, están ya escritos, prefigurados, los oscuros días y las terribles noches que nos reservan, a ti lector y a mí y a todos, los fascismos renovados y disfrazados de los "Estados de Derecho" occidentales.

      No es una historia distante. Y no sólo porque de los 101 años del PSOE esta historia se concentre sobre todo en los 11 últimos; no es una historia distante, lector, porque te afecta directa y personalmente. Porque es la historia de una parte sustancial de la peripecia que ha gobernado y está gobernando las vidas de todos los hombres y mujeres de los pueblos que ocupan esa península, ese finisterre, ese culo de saco de la mesa continental euroasiática que llamamos España.

      Cada día, cada mañana, sube un precio. O dos. O más. Luz, teléfono, gasolina, patatas, tabaco, autobús, zapatos, café... Todos los bienes y servicios que usamos suben y suben de precio incesantemente. Y cada día los sueldos se quedan más pequeños, las jubilaciones más escuálidas, la plusvalía que nos extraen más gravosa. Cada día un vecino, un pariente, un amigo o un compañero pasa a engrosar el ejército de reserva de los parados que cuenta ya su número por millones. O se "reestructura". Cada día las sirenas policíacas aúllan estridentes por las calles. Cada día los impuestos estatales y municipales aprietan una vuelta de su tuerca exprimidora. Y ese puñado de hechos minúsculos pero cotidianos, mezclados con los hechos con mayúsculas (Constitución, Reforma, Estatuto del Trabajador, Pactos de la Moncloa, Acuerdo Marco Interconfederal...) constituyen para el hombre de la calle que los sufre un tapiz de dibujo indescifrable, algo inexplicable, ininteligible, incomprensible. Y esa doble condición de una realidad que se siente brutal a la vez que no se entiende hace más angustioso el presente. Y el futuro.

      Esta otra historia del PSOE es una clave para entender ese absurdo dibujo. Que no es absurdo por casualidad sino deliberadamente y por necesidad. Porque el sistema de dominación establecido necesita, para sobrevivir, ocultar y oscurecer los hechos, hacer opacas las cosas, enmarañar el dibujo, falsear y disfrazar la realidad. Por eso, lector, por muy distante que estés del PSOE esta otra historia suya no es distinta para ti. Porque es un hilo conductor para entender el revés de la trama de ese tapiz que por arriba parece a la vez compacto e indescifrable.


      El revés de la trama -- "Cómos", "quiénes" y "porqués"

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